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Yo no existo

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Tres aspectos de la realidad

Desde el centro del corazón del hombre emana una voz, una voz que el intelecto reconoce como “yo”, un yo que empuja al hombre a desarrollarse por la vida en búsqueda únicamente de satisfacerlo.  El hombre vive entonces una vida esforzándose todos los días en la satisfacción de los deseos de esa voz que emana desde el centro de su alma y que el intelecto identifica como “yo”.

Ese “yo” es exigente y dominante, no permite que nadie le contradiga, no acepta estar equivocado ni que nadie le falte el respeto, a tal grado que en muchos casos se molesta si otra persona no le saluda. Ese “yo” tiene la intención de que todo el mundo piense como él, viva sus vidas de acuerdo a su parecer, porque de lo contrario genera en el hombre estados sumamente dañinos para él y para todos los que lo rodean, como por ejemplo la ira y la depresión, todo esto porque las cosas se salieron del control del “yo” o no se desarrollan como el “yo” lo desea.

El hombre se convierte en esclavo de ese “yo”, y lo lleva a vivir una vida sin sentido ni propósito, una vida solitaria, pues ese “yo” le impide relacionarse con otras personas de una manera sana y permanente, pues ese “yo” cree que todo el mundo está en su contra, pues se oponen a lo que él es y desea, ese “yo” ve a todos como competidores.  Esa esclavitud del hombre bajo ese “yo” es lo que se conoce como egoísmo.

LA SOLUCION
El hombre sufre de amnesia, se le olvidó quién era de qué estaba hecho, el hombre fue hecho a imagen y semejanza Divina, pero de esa naturaleza ya queda muy poco en el hombre.  Esa voz interna que sale del centro del alma y que el intelecto lo reconoce como “yo”, es parte de lo poco que queda de esa naturaleza Divina, la solución al problema es recordar quienes realmente somos.

Ese “yo” que identifica el intelecto, no soy yo, es El.

Solo existe un yo, el Kadosh Baruj Hu, porque solo Él es sin el atributo de existencia, solo Él es y no hay nada fuera de Él es uno de los principios de la Torá.  Solo una educación integral en la Torá hará que el hombre logre despertar su conciencia y así recordar quién verdaderamente es, y saber que ese yo que emana dentro de él y que requiere toda la atención, adoración y respeto no es el hombre sino que es el Kadosh Baruj Hu, el único Yo.

Y entonces fortaleciendo su voluntad, el hombre podrá purificar su deseo, de un deseo egoísta a un deseo altruista, esto es, desear para otro ¿Quién es ese otro? La única respuesta es el Kadosh Baruj Hu, el único que es, ese Yo que emana desde el centro del alma de los hombres, pero que los hombres confunden con ellos mismos.

El hombre debe reconocer que ese yo dentro de él, no es él, sino el Kadosh Baruj Hu, solo así iniciará una vida altruista, deseando para otro, deseando para Él.

Entonces el hombre podrá llegar a la siguiente conclusión: “YO NO EXISTO, YO NO SOY YO, YO SOY ÉL.

Ese YO es deformado por el intelecto y de allí deriva el yo humano y egoísta, haciéndose una imagen de lo que no tiene imagen, de allí que todo acto de egoísmo lo es también de idolatría.
Deu 4:15 Así, guardad diligentemente vuestras almas, ya que ninguna figura visteis el día en que YHVH os habló en Horeb en medio del fuego,
Deu 4:16 no sea que os corrompáis y os fabriquéis escultura; imagen de algún ídolo con forma de hombre o de mujer,
LO DIFICIL DEL EGOISMO
Lo difícil de romper con el egoísmo, es precisamente que está fundamentado en una verdad, en el YO.  Pero deformado por el intelecto del hombre, crea un nuevo dios, el yo del hombre.
R. Yehuda ben Ysrael
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