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El Amor

 
Jer 17:9  Engañoso es el corazón más que todas las cosas,  y perverso;   ¿quién lo conocerá?
 
 
A pesar de ser solo el 1% de toda la realidad, este mundo material genera muchos y fuertes impulsos que estimulan nuestros sentidos, estos estímulos son capaces de distorsionar la percepción de la realidad en el ser humano.

 
DOS ASPECTOS DE LA DISTORCION
 
La distorsión de la realidad de estos estímulos se manifiesta en dos aspectos:
 
1.    Asilamiento: hace creer al hombre que lo que él siente, es lo único válido y verdadero para él y para todo el mundo.
 
2.    Distorsión: distorsiona los verdaderos objetivos del hombre y cómo alcanzarlos, creando objetivos y formas de alcanzarlos fantasiosos.
 

En última instancia el hombre corre en pos de esos objetivos fantasmas y cuando llega a estos en lugar de llenar su deseo real de la Plenitud, le provocan dolor y desilusiones duras de sanar.  Causando daño en el proceso de alcanzar esos objetivos, no solo a sí mismo sino también a todos los que lo rodean.
 

Estos estímulos sensibilizan el ego del hombre, generando emociones en su corazón que pueden llegar a esclavizarlo. Bajo estas circunstancias el hombre cae esclavo de las emociones de su corazón, e inicia una labor en pos de satisfacer sus deseos egoístas, sin la capacidad de discernir las consecuencias de sus actos y sin la capacidad de discernir si los objetivos impuestos por su corazón realmente son verdaderos o sólo son una ilusión egoísta, en cuyo final encontrará el dolor.
 

LA CONFUSIÓN
 
Por la falta de conocimiento de la Realidad de ese 99% que no es percibida por los sentidos, el hombre confunde las emociones egoístas producidas por su corazón con el amor.  Y tomando la bandera del amor, quiere justificar todo lo el daño que se provoca a sí mismo y a otras personas, pero finalmente llegamos a la conclusión que la Biblia tiene razón, y el corazón es engañoso más que todas las cosas.
 

EL AMOR
 
El amor es la esencia de la Divinidad, pero junto al amor también la justicia es parte de esa esencia Divina.  “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, se refiere al amor como una manifestación de esa esencia Divina en este mundo, por medio del hombre para con su semejante.  Y esa esencia Divina jamás podrá convertirse en una fuerza que empuje al hombre fuera de los límites establecidos en la Torá por medio de los mandamientos, porque eso sería atentar contra ella misma, la justicia.  Es algo totalmente contradictorio creer que lo que sentimos es amor, cuando ese supuesto “amor” me provoca daño a mí mismo y/o a otra persona, cuando en la búsqueda de hacer realidad ese amor, quebrantamos mandamientos; no desearás a la mujer de tu prójimo, no adulterarás, honrarás a padre y madre, etc.
 

El amor hace que el hombre procure en bienestar del ser amado, respetando su integridad física, mental y espiritual.  El amor nos hace obrar conforme a la esencia Divina, ya que el amor es la esencia Divina manifestada en este mundo por medio del hombre, y como dijimos anteriormente, esa esencia Divina también es justa, por lo tanto el amor es la fuerza que nos hace respetar los límites, obrando así conforme a la justicia, una justicia que fue manifestada a los hombres en el monte Sinaí, la Torá.
 

Es necesario que el hombre tome conciencia y no confunda un deseo egoísta con el amor, porque estará profanando la esencia Divina, cuando ondeando la bandera del amor, camina por la vida dañándose a sí mismo y haciendo sufrir a las personas que están a su alrededor.
 

De la misma manera se ordena: “Ama a YHWH con todo tu corazón…” ese amor es el que cierra el ciclo de la esencia Divina, un amor que desciende para manifestarse en este mundo por medio del hombre, y que luego el mismo hombre tiene que retornarlo a su Origen, el Kadosh Baruj Hu. Ese amor también tiene que ser una manifestación de la esencia Divina completa, por lo tanto justa, el hombre que ama es un hombre justo, el impío no puede amar porque no Le conoce, si Le conociera Lo amaría y también amaría a su prójimo.
 

R. Yehuda ben Ysrael
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