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De regreso a casa

 
Al ser creada el alma abandona la plenitud, entonces la carencia de esa plenitud genera el deseo en el alma, el deseo se convierte en la fuerza que genera movimiento dentro de las coordenadas del tiempo y el espacio, en busca de satisfacer sus carencias, carencias y deseos que desde que el hombre fue formado, son parte intrínseca de él.
Con la Yatzer Hará al mando del hombre, el hombre está perdido, literalmente perdido, tiene necesidades, carencias y un deseo fuerte por abastecerlas, pero no sabe dónde y cómo su necesidad será abastecida realmente, el deseo como fuerza motora mueve al hombre de un lado para otro buscando satisfacer sus necesidades pero siempre termina fatigado e insatisfecho, y cada esfuerzo fallido provoca un sentimiento o impresión que las carencias crecen dentro de él, en lugar de menguar.
Isa 1:3  El buey conoce a su dueño,  y el asno el pesebre de su señor;  Israel no entiende,  mi pueblo no tiene conocimiento.
Ya que la Yatzer Hará guía al hombre a lugares donde solo su ego es alimentado, y entre más crezca el ego, más apartado estará el hombre de su origen, única fuente de satisfacción infinita.  El hombre busca pero no encuentra, porque en realidad no sabe lo que busca y mucho menos donde encontrarlo, el hombre esclavo es un ser que carece de entendimiento, carencia que lo conduce a la muerte, alejándolo cada vez de su origen y único destino.  Aunque lo tienen todo delante de ellos, no lo miran, no lo reconocen.
Ecl 9:1  …que sea amor o que sea odio,  no lo saben los hombres;  todo está delante de ellos.
HAR SINAI
En el año 2448 del calendario hebreo, una ventana fue abierta en el monte Sinaí, una ventana entre lo finito y lo infinito, una Luz emergió del mundo superior y anterior al nuestro, para iluminar la vida del hombre, para mostrarle el camino correcto hacia la fuente infinita, el origen del hombre y por eso, el único lugar en donde las carencias del alma del hombre pueden ser satisfechas, ya que ellas son precisamente el resultado del exilio del alma.
La Torá es el resultado que esa ventana se abriera en el monte Sinaí, la Torá es esa Luz que vino del otro mundo, un mundo anterior, superior e infinito.  Con el propósito de mostrar al hombre el único y verdadero camino hacia ese mundo de donde la Torá vino, cada uno de sus mandamientos delimita un camino que conduce al hombre a su origen, hacia la plenitud, al Kadosh Baruj Hu.
Por eso, todo esfuerzo por alcanzar ser irradiado por la Luz de la Torá, observando cada uno de los mandamientos, inclusive el más pequeño, será grandemente recompensado, porque el alma está recuperando aquello que había perdido, la plenitud, el alma está retornando a casa.
El alma comienza a entender y conocer, comienza experimentar la satisfacción verdadera y no momentánea, por medio de esa Luz el alma reconoce que su origen y destino están el mismo lugar, en el kadosh Baruj Hu.
Ecl 12:13  El fin de todo el discurso oído es este:  Teme a Elohim,  y guarda sus mandamientos;  porque esto es el todo del hombre.
R. Yehuda ben Ysrael

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